
“Mi vida es Emmanuel”: Clara Rojas
Fuente: panorama.com.ve
A Fondo
Marielys Zambrano L. / COL
http://www.panorama.com.ve/portal/app/vista/detalle_noticia.php?id=37314
Ella estaciona el carro con premura. La cita era a las 3:00pm hora de Bogotá, pero está retrasada por el tráfico. Clara Rojas (Bogotá 1963), actual presidenta de la Fundación País Libre, de Colombia, es quien se baja del auto. Al tomar el teléfono se excusa por la tardanza y se muestra dispuesta para conversar en exclusiva con PANORAMA.
Hoy vuelve a ser una abogada muy activa. Se le distingue como ejecutiva de alto nivel, madre abnegada, y novel escritora. Ya suma tres libros: Cautiva, en donde debió contar contra reloj la historia de su cautiverio, para explicarle al mundo la ola de testimonios falsos que en otros libros narraron su historia. También dio vida a los textos A prueba de fuego y Cartas a Emmanuel, su hijo nacido en la selva mientras ella fue secuestrada por las Farc. El pequeño, de siete años, a quien todavía le faltan nuevos tratamientos médicos para recobrar la movilidad en unos deditos de su mano, tras los daños sufridos en su complicado nacimiento, está consciente que vive en una familia diferente donde no está papá —un guerrillero cuyo nombre Clara se ha reservado— y del que solo dice que no se tienen noticias suyas.
Esa es la nueva Clara, por demás sumida en el agite de su cuarto libro. Pero hace 10 años —en el 2002— era una abogada comprometida con las aspiraciones presidenciales de Ingrid Betancourt, ambas secuestradas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que les desgajaron el alma por casi seis tristes años.
Cada una supera esa herida a su modo. Y la amistad que las unió, simplemente, se enrareció en la selva y expiró.
Con un proceso de paz en puertas en su país para dialogar con la guerrilla que le trastornó el alma a Clara, a Ingrid y a unos cuatro millones de colombianos en 50 años, ella habla del tema, de su pasado, presente, futuro, y da sugerencias a este nuevo suspiro de pacificación.
—¿Usted fue testigo de excepción de la crueldad de estos grupos rebeldes. ¿Los perdona? ¿perdona a las Farc?
—No te niego que tenía mucho dolor y resentimiento. Y me dije: ´con esto no puedo´. Entonces se lo dejé a mi Dios. Se lo dejé a Él a ver qué pasa. No es fácil. Pero yo ya hice mi ejercicio de perdón. La única manera de poderle brindar a mi hijo felicidad es que él vea a su mamá feliz. Pero te confieso que, cuando ves esta realidad, de pensar que los vas a tener cerca, no es fácil para mí. Es una confrontación fuerte.
—¿Le faltó algo por contar en su libro Cautiva?
—Claro, con el paso del tiempo hay cosas que me acuerdo que tal vez quizá pude contar. Pero tampoco quiero estar como recurrentemente volviendo atrás. Hoy estoy más comprometida con el presente y con el futuro porque me parece que es lo que me corresponde a mí hacer por mi hijo. Y por mí misma.
—¿Cómo se define ahora?
— Soy una mujer sencilla, tranquila, tampoco tengo tantas expectativas. Disfruto de cosas sencillas. Para mí la felicidad está en el día a día.
—¿Cómo es su día a día?
—Mi vida es Emmanuel. Yo le dedico muchas horas del día. Él está en su proceso de aprendizaje en el colegio, compartimos muchas actividades juntos que nos refuerzan vínculos afectivos, de familia, amistad, cariño, camaradería. Yo le hago el desayuno, lo levanto, estoy pendiente del baño y de todos los procesos en su vida. A veces me preocupa que tampoco hay que apupucharlo tanto (risas). Lo consiento bastante porque me parece que debo hacerlo, después de haber estado tanto tiempo separada de él. Y trato de disfrutarlo mientras crece y llega el tiempo cuando haga su vida.
—¿Cómo lo perfilas de adulto?
—Como un hombre feliz. Que escoja ser lo que él quiera. A mí me parece que uno debe darle a los hijos oportunidades para que ellos escojan donde mejor se sienten. Por ahora me parece aventurado crearle yo una ruta a mi hijo.
—A usted la secuestran por aceptar una invitación de Ingrid Betancourt para acercarse a una zona peligrosa, donde no había garantías de protegerlas. Nadie le obligó a seguirla, pero ¿qué aprendió de esa lección de vida?
—Aprendí que ser amigo también implica decir que no al otro. Yo pienso que los amigos deben entender cuando uno les dice que no. Eso es parte de la amistad. Manifestar lo que uno quiere, y que el otro reciba también como una respuesta de amigo esos planteamientos sin necesidad de volverlo a uno traidor, o enemigo. La amistad es eso. Poder escuchar al otro en tolerancia, madurez y darles tiempos mutuos para digerir esas respuestas de sí o no. Yo he tenido la oportunidad de volver a empezar. Lo he hecho con todo el entusiasmo. Me motivó mucho pensar en mi hijo.
—Ingrid Betancourt...¿una amistad perdida para siempre?
—Es doloroso porque en situaciones extremas, al borde, todos reaccionamos diferentes. Desafortunadamente nosotras no supimos cómo podernos comunicar y apoyar en la selva. A mí me da dolor tener que reconocerlo, pero así se presentaron las cosas. Aunque de todo eso tampoco hay que sacarle mucha punta al lápiz. Lo importante es que ambas sobrevivimos y cada una lleva su vida como mejor considera. Eso es sin duda alguna es lo más valioso.
—Si usted fuera presidenta de Colombia y tuviera la posibilidad de pacificar a su país ¿cómo lo haría?
—No es fácil pero hay que confrontar el problema y buscar la manera de generar conciencia en los grupos rebeldes. Hay que recordarles que el país es de todos. Hacerles ver el daño enorme que causan en la economía, en las vidas y como todas esas diferencias demoran el desarrollo. Hay que seguir intentando. Como Thomas Alva Edison que hasta el fin de esos intentos logró la luz. El tema no es cómo deshacerse de ellos. Es concientizarlos y comprometerlos.
—¿Deberían los grupos rebeldes enfrentar a la justicia directamente?
—Sí, yo creo que sí. Hay que decirlo así. Que haya penas alternativas. Pero sin duda creo en un proceso de transición. Estamos hablando de más de cuatro millones de víctimas de secuestro, desaparición forzada, genocidio, reclutamiento forzado, y más. Pero hay que ir por parte, para no generar una agresión contra la población civil.
—¿Qué recomendaciones daría a quienes en unos días se van a sentar a negociar la paz en su país?
—En el tema de las víctimas es importante alcanzar la verdad. También saber cuál es la responsabilidad que las Farc estarían dispuestas a aceptar y cuál no. Y precisar cuál es la ´gaveta´ que el gobierno le daría a las Farc, asunto que todavía no se ha dicho. Estamos esperando si en la mesa de negociación eso se dice. Y que haya sincero compromiso de dejamiento de armas.
—Hasta ahora ¿qué le ha dejado a Colombia los intentos pasados por dialogar la paz?
—Nos ha mostrado qué es lo que no hay que hacer. Fue el ensayo. Hemos visto por dónde no hay que meterse.
—¿Y qué le ha dejado a Colombia el enfrentamiento directo, sin contemplaciones con los grupos rebeldes?
—Muerte y dolor. Eso es parte de una necesidad de proteger a la población.
—Cito al guerrillero alias ‘Andrés Paris’: "Si el proceso de acuerdos sigue, y se generan condiciones políticas para participar en elecciones, podríamos pensar en esa posibilidad". Le pregunto: Es conveniente para Colombia que las Farc pasen de grupos terroristas a interlocutores políticos?
—Me parece un poco brusco pensar que esa pueda ser una alternativa inmediata después del proceso de paz. Nosotros no estamos preparados para eso. Es un cambio que no es fácil de asimilar para nadie, ni para ellos mismos, porque ellos se manejan bajo el criterio de la ley de las armas. Me parece que, en un futuro, en muchos años, es posible. Pero pasar de la selva a eso no. A ellos mismos les puede generar problemas. Eso requiere preparación, estudio, aprender a trabajar en equipo, interpretar muy bien documentos. Y si los que están preparados para eso les cuesta, ¡imagínese a ellos!
—Sus expectativas ante la nueva negociación...
—Están manejando una agenda de seis puntos sin puntos, y antes era una cantidad de puntos en donde ni siquiera se ponían de acuerdo sobre el contenido de la agenda. Ojalá puedan definir un tiempo determinado para las negociaciones. Y ojalá hubiera mayor representatividad. Es que este proceso se justifica a favor de las víctimas, y digamos que las vítimas del conflicto son las grandes ausentes en la mesa.
—Si a ustedes como Fundación los convocan en representación de las víctimas, ¿aceptaría sumarse? se tendría que enfrentar de nuevo a esa gente que fue cruel con usted.
—Sí claro. Pero respetemos la decisión del Presidente. Ojalá quede el canal institucional tenga eco.
—Conociendo que las Farc subsisten por la extorsión y el narcotráfico, ¿confía usted que ellos, en nombre de la paz, van a dejar ese negocio, del cual es conocido por boca de los mismos narcotraficantes que quien entra allí, no puede salirse jamás?
—Dios quiera que ellos tengan la fuerza para poderse retirar de ese negocio, y que efectivamente den muestra de esa voluntad. Eso sí le toca al Gobierno abordarlo con coraje y con decisión. ¡No es fácil! Pero que saquen toda la berraquera que tienen por dentro y digan bueno aquí nos toca hacer esto y cortar ese lazo umbilical que esos grupos tienen con narcotraficantes. Por lo menos ya pusieron el tema en la mesa y permitieron que estuviera. Amanecerá y veremos a ver qué paso.
—¿Le da miedo vivir en Colombia?
—No me da miedo. Obviamente hay momentos en que el ambiente se enrarece un poco. Pero aguanto.
—¿Qué le diría a las personas que siguieron de cerca su cautiverio, su liberación, que leyeron sus libros, que se compungieron con su dolor?
—Les doy las gracias. He estado muy acompañada y eso me ayuda mucho en el proceso de volver a nacer.
—¿Pintaría alguna vez su casa de color verde o de marrón?
—Claro que sí. No salí resentida con la naturaleza. Pero, si ahorita me ofrecen ir a una montaña... yo diría que no.